Me reí todo el tiempo, pero apenas podía oírlo porque el viento soplaba muy fuerte. Cuando regresamos al interior, puse mis heladas manos en sus mejillas y en lugar de apartarlas, dijo:
-Ahh, se siente bien.
Me reí y dije:
-Eso es porque eres frío.
Puso mis manos en los bolsillos de su abrigo y dijo con una voz tan suave que me pregunté si había oído bien:
-Para todo el mundo, tal vez. Pero no para ti.
Él me miró cuando dijo esto, por lo cual se que lo decía en serio.
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