domingo, 25 de agosto de 2013

Llévame Allí

Hay unas flores en el césped. Rhiannon observa cómo se mecen con la brisa y dice:

—Me gustan esas flores.
—Son bonitas.
—Las de color rosa son preciosas.
—Bueno, no son tan bonitas como las que te encontraste en tu taquilla pero...

Rhiannon me lanza una mirada, extrañada.

—¿Cómo sabes eso?
—¿El qué?
—Yo... ¿te conté yo lo de las flores?
—¿Qué flores?
—Las flores que... las que Steve dejó en mi taquilla.
—Ah, no, de esas flores no sé nada. Yo hablaba de las flores que yo dejé en tu taquilla.
—¡No puede ser! ¿Fuiste tú?
—Sí.
—Pero... ¿cómo sabías que...?
—¿Te acuerdas de un día que estábamos paseando por Charles Street y paramos enfrente de una casa que tenía estas flores en el jardín? Tú dijiste que eran...
—...preciosas.
—Eso.
—Se me había olvidado por completo.
—Ya me di cuenta, pero a mí no.

Rhiannon se me queda mirando un momento. Después me dice:

—¿Quieres que nos sentemos?

Otra vez la oleada de ansiedad.

—Mmm... Yo estaba pensando precisamente en no sentarnos.
—¿Y qué quieres que hagamos, entonces? ¿Quieres que sigamos paseando?
—No exactamente.

Me saco el iPod del bolsillo y desenrollo los auriculares. Le pongo uno en la oreja.

—Mejor hacemos esto.

Me pongo el otro auricular y selecciono la primera canción de la lista de reproducción: Look What You' ve Done.

Y, de repente, estamos bailando. Me acabo de inventar esto de bailar con el iPod, pero la verdad es que no soy precisamente un chico romántico, así que para mí es todo un logro.

El sentimiento que tengo siempre que estamos así de juntos me invade. Me siento tranquilo, como si todo el ruido interno de mi cabeza se acallara. Es como si por fin hubiera llegado allí, al lugar en el que se supone que tengo que estar.

Por eso, cuando la beso, es como si no existiera nada más en el mundo.

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