Así mi voluntad sale por piernas a lo suyo, a hacer cosas que, por inútiles, se me antojan muy interesantes.
Observar con curiosidad entomológica el vuelo de una mosca que parece una borracha perdida en un aparcamiento y cuyas evoluciones son para mí, de repente, más importantes que la Prima de Riesgo.
Quitar pelusillas de una bufanda que no me pongo desde que acabé la EGB. Soñar.
Decidir qué champú le vendría mejor al pelo de Miley Cyrus...
Sólo cuando me veo con el agua al cuello ( porque llega la hora de entregar un trabajo, por ejemplo), dejo de derrochar mi tiempo y me centro, después de perder un poco más en lamentarme.
Me coloco el traje del Cuerpo de Marines de la Diligencia y aprovecho, por fin, el tiempo.
Cuando ya casi no queda.