Volví a mirar fijamente a Jason. Todavía luchaba con el perrito. No pude evitarlo. Me morí de risa. Su cabeza se levantó como si supiera que estaba riéndome de él.
-¿Crees que es gracioso? -Preguntó.
Me encogí de hombros. Me roció con agua.
-¡Oye! -Grité. Abrí mi manguera y envié una lluvia de rocío de regreso.
Jason se levantó de estar acuclillado, manguera en mano. Me puse de pie, levantando una mano como defensa.
-Bien, mira, no quise reírme...
Me roció de nuevo. Chillé y le di su merecido. Él trató de esquivar la lluvia, trató de golpearme con su agua, pero me moví rápidamente fuera de su camino, manteniendo mi manguera dirigida hacia él. Estaba empapado, absolutamente mojado, y empecé a reír. Es difícil correr cuando estás riendo tan fuerte que tus costados duelen.
Jason se abalanzó sobre mi, me tiró, de alguna manera rodando para que él golpeara el suelo mojado-tomando la peor parte del impacto-, y aterricé sobre él. Ambos sonreímos ampliamente, respirando pesadamente, completamente mojados.
Mirando en sus ojos sonrientes, sentí como si hubiera sido golpeada por una pelota.
Estaba loca por este chico, absoluta y completamente loca por él.
Su sonrisa disminuyó. Su mirada vagó a mi boca. Pude ver claramente cuánto quería besarme.
Y supe que no lo haría.
Por lo que lo besé yo.
Y él me devolvió el beso.
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